728 x 90

“El atraco al banco es muy orgásmico. Se parece a echar un polvo"

“El atraco al banco es muy orgásmico. Se parece a echar un polvo"

El currículum del Millonario incluye 19 impactos de bala y tres puñaladas, asaltó unos 500 bancos en Europa y por 150 de esos purgó tres condenas por 14 años en España. Se dice amigo de Loquillo y Calamaro.

Escribe Enrique Hernández desde Buenos Aires, Argentina.

 

“El atraco al banco es muy orgásmico. Se parece a echar un polvo, porque es pura adrenalina cuando lo estás preparando, se asemeja a estar haciendo el amor”, así recuerda Daniel Rojo Bonilla la época en que asaltaba bancos en los 80 y 90 en Europa.

         “Del número de bancos que robé no tengo cuenta, pero los imputados y por los que pague una condena fueron unos 150 bancos. Si contamos los que no me han cogido podríamos llegar a 500 bancos”, dice El Millonario.

         El Dani es una mole de 1.90 metros de altura, barba y tatuajes en manos y brazos.

         Sin titubear el español nos comparte para la anticobertura de Rock 101 parte de sus vivencias como asaltabancos, drogadicto, presidiario, empresario y escritor. Él es uno de los ladrones europeos más buscados y famosos durante casi dos décadas.

         Los libros del Dani son: Gran golpe en la pequeña Andorra, El secuestro de la Virgen Negra y La venganza de Tiburón. Ha escrito tres libros sobre hechos reales de sus vivencias y presume ser socio y amigo de los músicos españoles José María Sanz Beltrán, conocido como Loquillo; Enrique Bunbury, quien se hizo famoso con Los Héroes del Silencio, así como del argentino Andrés Calamaro.

         Fue un chico malo y por convicción propia se convirtió en bueno.

         El currículum del Millonario incluye 19 impactos de bala y tres condenas por 14 años en España.

         La primera vez cayó preso a los 22 años, volvió a pisar la cárcel a los 27 años y estuvo por última vez detrás de las rejas a los 29 años de edad.

         La tercera fue la vencida, ya que le cambió su vida y encontró el camino del bien como única opción. También cuenta que vive de milagro después de recuperarse de cáncer, la drogadicción y superar el crimen.

         “Entre 85% y 90% de mis amigos están muertos por sobredosis de heroína, enfermedades como sida, hepatitis y otros males”, acepta el nacido en Barcelona, España, en un hogar de clase media.

         “No venía de un extracto marginal ni millonario, pero vivíamos bien. No quería ir a una pensión de mierda. Yo me cogí un apartamentito y tenía que hacer cuatro o cinco atracos al día, porque un atraco era para pagar el apartamento, otro para la comida, otro para vestirme, otro para la cocaína y otro para irme con putas”, narra el ex presidiario. Y agrega: “ No se me ocurrió nunca robar a una persona”.

         —¿Por qué no robabas a las personas?, —se le inquiere a Daniel.

         —Si te robo a ti era desvestir un santo para vestir a otro…

         Comenzó su carrera delictiva solo y sin amigos.

         “Ahora es muy típico vivir hasta los 40 años en familia, pero en aquella época mi padre me dio una patada y me echó de la casa. Me encontré enganchado y empecé a robar cualquier cosa que tuviera una caja registradora”, expresa.

         “En mi primer atraco llevaba unos chacos, una arma oriental y usada por Bruce Lee en las películas. Yo hacía karate y sabía manejar bien los palos como arma. Mi primer arma fue en un asalto fueron los chacos”, subraya.

         Meses después me cuestioné: “Voy preso igualmente por una farmacia, que por un banco: ¿Me dije dónde está el dinero, pues en un banco?”, recuerda.

         “Encontré unos amigos mayores de edad, con automóvil y robaban bancos. Me junte con ellos. Ellos eran pequeños y delgados, y al verme a mí se vieron con más respaldado”.

         “Había respeto, porque era el doble en tamaño que ellos: Fuimos una buena banda, en vez de ser una banda de rock and roll fuimos una banda de atracadores”. Estos no cantaban música original ni crearon ningún hit, pero sí ocuparon los titulares.

—¿Sólo robaban bancos en España?

—En Europa. En España éramos 35 millones de personas y había entre mil 500 a mil 800 atracos al mes en 1981, cuando en Estados Unidos eran 230 millones de personas y se daban sólo 700 robos. En 1977, los bancos daban mucho crédito y cómo los empezaron a robar mucho tenían seguridad. Algunos atracadores decidimos ir a Alemania, Francia, Bélgica y Holanda, porque las sucursales bancarias no estaban protegidas ni tenían una cultura del antiatraco.

—¿Era lo mismo robar en Alemania, que en España?

—En Alemania eran marcos: Uno marco eran 40 pesetas. No era lo mismo robar un millón de marcos que un millón de pesetas. ¡Serían 40 millones de pesetas! Todo era mejor que la peseta en ése momento, además teníamos de dictador a Francisco Franco.

—¿Era difícil robar un banco alemán?

—En Alemania tenían Porsche y nosotros íbamos con nuestros Seat 124 que eran automóviles buenos en la época. Llegar a Alemania y que los policías te persiguieran con un Porsche: Te cogían.

—¿Cuánto dinero robaron en Europa?

—Fueron unos 60 millones de euros. Cada vez que salía de la cárcel, cumplía la condena y me declaraba insolvente social o estatal: No soy un estafador con inversiones inmobiliarias. Creía que iba morir todos los días y por eso gasté todo. Cuando salí de la cárcel en 1997 me reclamaron mil 100 millones de pesetas o (un millón de euros).

—¿Cuál era el banco que más querían robar?

—Me ha gustado robar al Santander.

—¿Siempre fue el banco Santander?

—He dicho lo de Santander, porque me caía mal (Emilio) Botín (dueño de la institución financiera). Sabes que ninguno de los banqueros no me caen bien.

         Su vida era acelerada y llena de comodidades. El Millonario nunca había trabajado en la vida y la primera vez fue atrapando pollos en la prisión.

         “Una cosa es trabajar en una oficina, en un banco o fichando 12 horas diarias, a lo mejor eso no lo hubiera aguantado, cuando salí tuve la suerte de ingresar al mundo laboral musical, gracias al Loquillo que era un rock and roll star en España”, manifiesta el español. “De jóvenes habíamos sido grandes amigos”.

         “Durante 11 meses trabajé 12 horas diarias en la cárcel”, recuerda. “Después de medianoche mi trabajo era atrapar más de 21 mil gallinas para subirlas a los camiones, y en invierno me tocó piscar olivas”.

         “Al principio cuando salí de la cárcel no pensaba en contar mi vida, claro mis delitos los había hecho yo”, lanza con voz fuerte y con una sonrisa socarrona. Nada le preocupa, porque ya cumplió una sentencia por sus delitos.

         Ahora se ocupa de escribir en cuadernos cada una de las anécdotas, según él tiene “más de 200 mil historias”, y una cuentacuentos argentina se encarga de llevarlas de una hoja en blanco a una computadora.

         “Yo le doy 60 páginas escritas en papel, y me entrega 70 páginas, y cuando las reviso simplemente le da claridad a todos los hechos”, cuenta el ahora escritor de novela y crónica negra.

         La ayuda de la cuentacuentos ha sido de gran valor, porque me tardaría una decena de años en escribir 600 páginas de un libro, agrega. “Soy muy malo y escribo con un dedo en la computadora”, dice, cuando mira sus manos para explicar su defecto.

         “Me acuerdo que cuando íbamos con coche con Pedro Lazaga y Rosario, y yo le explicaba mis historias: Pedro decía pará, ya que esto es un guión. ¿Cómo un guión?, le decía. Dani es una película. Lo que te explicó es una anécdota y tengo 200 mil de estas. Calla, calla, y no vuelvas hablar que son guiones de película”. Tiene una serie de ideas para un filme, incluso una vida para ser llevada a un corrido.

—¿Te ofrecieron escribir un corrido, como los cantados en México?

—He escuchado muchos narcocorridos cuando trabajé con Enrique Bunbury, a quien le gusta todo lo mexicano y no vive de milagro en México. Recuerdo en 2002 los narcocorridos de los Tigres del Norte eran escuchados en el coche continuamente. Tengo una canción de músicos marginales y pocos comerciales, conocidos como Asalto. Soy gran amigo de Andres Calamaro y de Enrique Bunbury, pero no puedo pedirles me escriban una canción.

—¿Cuál era tu negocio con los rockeros?

—Empecé con el merchandising de camisetas. Las camisetas las suelen vender grandes empresas que tienen a 50 artistas y llevan a alguien a los conciertos para que las vendan; ese sistema no lo veo bien y es muy comercial. Les dije que para que funcionara mejor el negocio era necesario que el público o fans vieran que el merchandising pertenecían a las bandas de rock.

— ¿Tienes experiencia en marketing?

—No estudié marketing, pero vi fácil el negocio. Cuando inicié a trabajar con el Loquillo le hice ver que el merchandising no era lo que le gustaba, sino tiene lo que el público del Loquillo quiere. Me metí a ver qué target del público de los artistas, así vi que había fans grandes con intenciones de adquirir playeras XXL. Por ejemplo, las fans de Los Elefantes eran mujeres de 16 años en promedio, entonces compraba tops. A cada uno lo tienes que vender lo que quieren.

—¿Cómo ves al crimen en México?

—Lo veo muy duro. Yo que he sido delincuente me sabe más, porque todos los mexicanos no son así y supongo que toda la policía no será así. Desde fuera se ve que no hay solución, porque no es una sola serpiente: sino una serpiente con muchas ramificaciones que llegan al Estado.

—Cuando viste los titulares de la prensa española, que el narcotraficante más importante de México y el mundo se escapó por un túnel: ¿Qué pensaste?

—Hay cosas que no se pueden hacer, eso estaba pactado. Ese hombre ha pagado su fuga seguro.

—¿Intentaste fugarte cuando estabas preso en España?

—Por mi parte no. Pero un grupo de siete panaderos (quienes trabajan cerca del exterior) hicieron cosas similares en la cárcel. Todos colaboramos para que se fueran por un túnel. No fue un capo quien nos pagaba, sino éramos un grupo de amigos. Cuando los panaderos se fugaron dieron la voz para que los demás presos escaparan y nadie más logró fugarse.

—¿Necesitaron dinero y herramientas?

—Es una cárcel. Ahí se producía pan toda la noche, para que por el día se tenga y los funcionarios no estaban por la zona, cuando se trabajaba.

—¿Los ruidos eran eliminados por la panadería?

—Claro. El horno permitía trabajar, aunque siempre se evitó cometer en el mínimo error y más cuando se trataba de la cárcel La Modelo en Barcelona, una especie de queso gruyère por dentro. Era una prisión construida en 1800 y todo el mundo intentó fugarse. Actualmente eso ya no pasa en las cárceles de España, porque hay un tratamiento y una reinserción.

 

 

xxx

Comentarios

Recomendamos

Lo último

Lo más visto

Reporteros